La diversidad sociocultural atraviesa la atención sanitaria y redefine la intervención. Comprender cómo opera el Trabajo Social Sanitario en escenarios complejos es imprescindible, porque la enfermedad, el cuidado y la relación asistencial no tienen un significado universal.
Diversidad sociocultural en salud: una presunción de homogeneidad que ya no se sostiene
Durante décadas, el sistema sanitario ha operado bajo una presunción de homogeneidad. Se ha asumido que pacientes, profesionales y familias comparten códigos, estilos comunicativos, marcos interpretativos y formas de entender el cuerpo, la enfermedad y el cuidado. Sobre esta base, se han diseñado protocolos e intervenciones técnicamente sólidas, pero construidas sobre una premisa que hoy resulta difícil de sostener.
Los dispositivos sanitarios —consultas, hospitalización o recursos comunitarios— son espacios atravesados por la diversidad sociocultural. No únicamente en términos de origen, lengua o religión, sino también en relación con trayectorias vitales, modelos familiares, formas de cuidado, condiciones sociales, identidades, creencias y valores. La diversidad no es una variable puntual: constituye un elemento estructural del sistema sanitario contemporáneo.
Diversidad sociocultural en salud: más allá de la cultura como categoría estática
Quizá una de las primeras dificultades sea, precisamente, consensuar qué entendemos por “cultura”. Durante años se ha utilizado como una categoría casi estática, asociada a lo lejano, a lo exótico, a “los otros”. Como si la cultura fuera algo que pertenece a quienes vienen de fuera y no a quienes forman parte del entorno más cercano. Una mirada limitada y profundamente engañosa.
En realidad, la cultura es un conjunto heterogéneo de elementos que significan y construyen la realidad de un grupo concreto de personas determinando sus comportamientos y estilos relacionales, significando sus vivencias y dando lugar a un amplio abanico en la diversidad familiar y social (Auge y Colley, 2005). Por tanto, ¿no sería más oportuno reconocer tradiciones, costumbres o usos culturales y valor compartido? Hablemos de la narrativa, de los relatos de las personas, de la fluidez y la transmisión de valores, de las maneras de ver el mundo (Villaverde, 2017).
Y todo ello en constante transformación, atravesado por procesos sociales, económicos, políticos… e incluso biológicos. No hay una única cultura, sino múltiples formas de habitarla, negociarla y reconstruirla en lo cotidiano.
La interculturalidad hace acto de presencia (Geertz, 1996), se construyen nuevos significados, nuevos conocimientos y prácticas, así como hacen acto de presencia procesos que discriminan o jerarquizan en base a quién ostenta el poder (Walsh, 2012).
Diversidad sociocultural en salud: intervenir en escenarios de significados diversos

Reducir la diversidad sociocultural a etiquetas (“familia magrebí”, “paciente latinoamericano”, “son de aquí”) implica simplificar realidades complejas y anticipar respuestas que pueden no ajustarse a la situación concreta. Pero ignorar esta dimensión tampoco es una opción, ya que los significados que las personas atribuyen a lo que les ocurre influyen directamente en su relación con la enfermedad, el sistema sanitario y los procesos de cuidado.
La intervención en Trabajo Social Sanitario se sitúa, por tanto, en un equilibrio complejo: reconocer la diversidad sin esencializarla, comprender las diferencias sin fijarlas en categorías rígidas y evitar tanto el relativismo cultural como el etnocentrismo.
Intervenir en contextos de diversidad cultural implica también enfrentarse a conflictos y problemas éticos. Situaciones en las que entran en tensión valores, expectativas o derechos. Escenarios donde no hay una única respuesta correcta https://enfocatss.com/bioetica-trabajo-social-sanitario-ii/.
Pero, entonces, ¿qué hacemos? ¿cómo intervenimos? No parece sencillo cuando encontramos duelos migratorios, choques culturales, problemas de convivencia, prácticas de cuidado que dificultan la atención a las personas más vulnerables.
Interseccionalidad y diversidad sociocultural en salud: ampliar la mirada en la intervención
Las denominadas competencias culturales han constituido un primer intento de dar respuesta a estos escenarios. Entendidas como la capacidad para ofrecer una atención que tenga en cuenta las creencias, valores y prácticas de las personas, (Leininger, 1991; Giger y Davidhizar, 2002; Purnell, 2002; Spector, 2002), son la herramienta que permite el proceso comunicativo equilibrando las narrativas diversas sin evitar el criterio de realidad social (Charmain, 2008).
Ante la posibilidad de idealizar las relaciones, descontextualizándolas o suponiéndolas desprovistas de influencias de los procesos macrosociológicos, surge también la propuesta de la interseccionalidad (Crenshaw, 1991). La perspectiva interseccional permite ampliar la mirada. Entender que la experiencia de la enfermedad y el acceso a la atención sanitaria no vienen determinados únicamente por la diferencia sino por la interacción de múltiples ejes de desigualdad ayuda a evitar lecturas reduccionistas.
También cabe reconocer un etnocentrismo ‘sano’ (Andreu, 2019) que no olvide el prisma de los derechos humanos. Del mismo modo, incorporar una perspectiva feminista (Sorlí, 2023) permite visibilizar cómo, en muchos contextos, el peso del cuidado recae de manera desproporcionada en las mujeres, atravesando tanto las dinámicas familiares como la relación con el sistema sanitario.
Diversidad sociocultural en salud: del conocimiento cultural a la reflexividad profesional
Más allá de la competencia cultural, el modelo de humildad cultural propone un desplazamiento significativo: del conocimiento del otro hacia la revisión crítica de los propios marcos de referencia.
Este enfoque no se centra en acumular información sobre culturas diversas, sino en reconocer los propios sesgos, limitaciones y posicionamientos. Parte de la premisa de que no es posible conocer completamente la experiencia del otro, y sitúa la relación profesional en un plano de apertura, escucha y negociación (Gottlieb, 2020; Danso, 2018)
La humildad cultural implica, por tanto, una práctica reflexiva que atraviesa la intervención cotidiana. Supone construir espacios de comunicación que permitan articular diferentes narrativas sin perder el criterio de realidad ni los marcos éticos de la intervención.
El papel del Trabajo Social Sanitario en contextos de diversidad sociocultural
En este entramado, el Trabajo Social Sanitario ocupa una posición clave. No se limita a acompañar, sino que traduce, media, contextualiza y problematiza.
Su intervención permite identificar barreras invisibles, cuestionar prácticas naturalizadas y generar espacios de comprensión entre profesionales, personas atendidas y sus entornos. Desde esta posición, contribuye a integrar la dimensión social de la enfermedad en la práctica sanitaria, haciendo visibles aquellos elementos que habitualmente quedan fuera de los registros clínicoshttps://enfocatss.com/determinantes-sociales-historia-clinica/ .
Intervenir en contextos de diversidad sociocultural no implica disponer de respuestas cerradas, sino desarrollar una práctica situada, crítica y éticamente fundamentada. Una práctica que reconozca la complejidad de los escenarios actuales y el papel central del Trabajo Social Sanitario en su abordaje.
Este artículo forma parte de una línea de reflexión que será desarrollada próximamente en formato webinar desde ENFOCATSS.
Referencias bibliográficas
Andreu, A. (2019). La diversidad cultural desde la óptica de las relaciones interculturales. La perspectiva clásica de Pierre Clastres y Claude Lévi-Strauss. UOC.
Auge, M. y Colley, J.P. (2005). Qué es la antropología. Paidos.
Charmain, C. (2008). Training for cultural competence. [Formación para la competencia cultural]. Journal of ethnic and cultural diversity an social work, 14(1-2), 111-143.http://Journal of Ethnic & Cultural Diversity in Social Work 14(1-2):111-143
Crenshaw. K. (1991). Mapping the Margins: Intersectionality, Identity Politics, and Violence against Women of Color [Mapeando los Márgenes: Interseccionalidad, Políticas de Identidad y Violencia contra las Mujeres de Color]. Stanford Law Review, 43(6), 1241–1299.
Danso, R. (2018). Cultural competence and cultural humility: A critical reflection on key cultural diversity concepts [Competencia cultural y humildad cultural: una reflexión crítica sobre conceptos clave en diversidad cultural]. Journal of Social Work, 18(4), 410-430.https://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/1468017316654341
Geertz, C. (1996). Los usos de la diversidad. Paidós.
Giger, J. y Davidhizar, R. (2002). The Giger and Davidhizar Transcultural Assessment Model. [El modelo de evaluación transcultural de Giger y Davidhizar ]. Journal of Transcultural Nursing, 13(3), 185–188. https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/10459602013003004
Gottlieb, M. (2020). The case for a cultural humility framework in social work practice [El caso para un modelo de humildad cultural en la práctica del Trabajo Social]. Journal of Ethnic & Cultural Diversity in Social Work. 56(1), 30-40.https://elearning.thefrontline.org.uk/SI_2021/TheCaseforACulturalHumilityFrameworkInSocialWorkPractice.pdf
Leininger, M. (2002). Culture care theory: a major contribuition to advance transcultural nursing knowledge and practices. [Teoría del cuidado cultural: una contribución al avance del conocimiento y la práctica transcultural].Journal of Transcultural Nursing, 13, 189-192.
Purnell, L. (2002). The Purnell model for cultural competence. [Modelo de competencia cultural de Purnell]. Journal of Transcultural Nursing, 13(3), 193-196.
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Spector. R. (2016). Cultural competence [Competencia cultural]. Cultura de los cuidados, 44, 9–14
Villaverde, N. (2017). Una antropóloga en la luna. Anaya.
Walsh, C. (2012). Interculturalidad crítica y (de)colonialidad. Ensayos desde Abya Yala. Ediciones Instituto Científico de Culturas Indígenas