La inteligencia artificial (IA) ya no es un tema del futuro: está aquí, infiltrándose —para bien o para mal— en la práctica diaria del trabajo social. Frederic G. Reamer, una de las voces más respetadas en ética profesional, analiza en este artículo cómo las herramientas de IA están transformando la documentación, la supervisión, la intervención y, en última instancia, la relación con las personas usuarias.
Reseña del artículo: Documentation Strategies: AI in Social Work. Reamer, F. Social Work Today, Vol. 25, Núm. 4, otoño de 2025, disponible (09/11/2025) en https://www.socialworktoday.com/archive/Fall25p18.shtml
Reamer parte de una idea fascinante: los pioneros del trabajo social del siglo XIX jamás habrían imaginado que, un día, las máquinas podrían “escuchar”, “evaluar” o incluso “acompañar” emocionalmente a una persona. Hoy eso es posible gracias a chatbots, robots sociales, herramientas predictivas o programas de voz a texto que documentan sesiones y apoyan la toma de decisiones. Pero junto a las promesas, surgen dilemas éticos de enorme calado.
Entre los riesgos más destacados, el autor aborda:
- Privacidad y confidencialidad: cómo proteger los datos sensibles en entornos digitales y evitar que terceros accedan a ellos.
- Consentimiento informado: la necesidad de explicar claramente a las personas usuarias qué implicaciones tiene el uso de IA en su atención.
- Sesgo algorítmico: la posibilidad de que los modelos automáticos reproduzcan desigualdades sociales y discriminaciones preexistentes.
- Competencia profesional: la obligación ética de formarse para comprender el alcance, los límites y los riesgos de las herramientas que se utilizan.
- Vigilancia y uso indebido: la potencial exposición de datos clínicos o personales a usos judiciales o comerciales no previstos.
Reamer destaca ejemplos concretos, como la Oficina de Política de Inteligencia Artificial de Utah, pionera en elaborar guías de buenas prácticas para profesionales de salud mental. Este modelo podría servir de referencia para otros contextos, incluida Europa, donde la regulación de la IA en servicios sociales aún avanza de manera desigual.

La conclusión del autor es clara: la IA no sustituirá la esencia del trabajo social —la relación humana—, pero sí obliga a repensarla. Los trabajadores sociales deben asumir un papel activo: conocer las herramientas, revisar sus implicaciones éticas, formar a sus equipos y participar en el debate público sobre el uso responsable de la tecnología.
En palabras de Reamer, “los desafíos éticos del trabajo social evolucionan junto con la tecnología”. La IA no es solo una herramienta; es un espejo que nos obliga a redefinir qué significa cuidar, acompañar y documentar en el siglo XXI.
Reflexión final para el contexto catalán y europeo:
La lectura de Reamer resuena especialmente en un momento en que hospitales, servicios sociales y universidades empiezan a explorar el uso de la IA para agilizar procesos o mejorar la comunicación con las personas usuarias. Pero si algo deja claro este artículo, es que no hay innovación ética sin reflexión colectiva. Formarse, contrastar y debatir será tan importante como programar.
Por ello desde Enfocatss estamos preparando una nueva formación en IA para trabajadoras sociales que muy pronto os informaremos.