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Intervención social

Medicalización de la práctica en el trabajo social sanitario

Introducción

En el año 2011 la Revista Clínica de Medicina de Familia (Orueta Sanchez, 2011) señalaba que la medicalización de la vida era uno de los problemas que contribuían a la masificación de las consultas del Médico de Familia y de los Servicios de Urgencias, provocando, a la vez, dificultades para proporcionar una atención de alta calidad y frustración en una buena parte de los profesionales.

El artículo define como medicalización al proceso por el cual se convierten situaciones que han sido siempre relacionados con el proceso de vivir, en cuadros patológicos, pretendiendo resolver, mediante la medicina, situaciones que no son médicas, sino sociales o de relaciones interpersonales.

La medicalización como concepto no es nuevo, pero al tratarse de un proceso continuo que se autoalimenta, crece de forma constante y sigue actualizado, ya que continúa facilitando una situación en la que la sociedad va perdiendo toda capacidad de resolución y nivel de tolerancia sobre sus problemas. Su origen es multifactorial, existiendo diversas causas y actores implicados (sociedad, medios de comunicación, industria farmacéutica, políticos, gestores y profesionales sanitarios), jugando el sector sanitario un papel fundamental en dicho proceso. Los profesionales sanitarios son, a la vez, actores y víctimas del mismo.

Para el Trabajador Social este proceso no debiera resultar desconocido, ya que, más allá de que la medicalización puede ser una consecuencia inevitable de la realidad institucional en la que ejercen su práctica profesional, las formas que adquieren sus metodologías de trabajo pueden fortalecer dicho proceso, aún sin advertirlo, afectando la calidad del trabajo sanitario y sometiendo a los pacientes a la reproducción de dicho proceso.

Una intervención socio sanitaria requiere ser eficiente, pero ello no elimina la necesidad de reflexionar acerca de los procesos que fundamentan la misma, lo que evita la instrumentalización del trabajo y la consecuente medicalización de su acción profesional.

La medicalización de la salud

Salud es uno de los primeros escenarios donde se ha desarrollado el Trabajo Social Sanitario como profesión, ya que surge a finales del siglo XIX para mejorar las condiciones de vida de las personas con menos recursos económicos. En esa época los problemas de las personas se reducían a respuestas físicas y/o patológicas, provocadas por las malas condiciones de vida. En este contexto de desarrollo de la medicina pública, ligado al movimiento higienista, la intervención profesional queda reducida a una atención para médica.

Este proceso, se impuso en el tiempo y redujo la complejidad de los problemas vitales a cuestiones de orden médico o psicológico, centralizando en la persona la causa y tratamiento del malestar, desestimando las determinaciones sociales de la salud y la intervención política y comunitaria sobre los mismos.

Engelhardt en 1995 y Menéndez en 1998 (Cannallotto, 2016) han definido a este proceso como medicalización. La clave del mismo está en su definición: un problema de índole no médica se define como problema médico, es descrito en lenguaje médico y se entiende a través de la adopción de un marco médico.

La principal crítica que se sostiene en relación al proceso de medicalización es la reducción de una entidad considerada una enfermedad a un problema médico exclusivo, perdiendo de vista que, para definirlo como tal, se requiere de la interacción de agentes sociales activos.

Por lo tanto, se trata de un problema más complejo que se relaciona con la interacción social y, por ello, la medicalización puede adoptar tres formas:

  1. Redefinir la percepción de profesionales y legos sobre algunos procesos caracterizados como enfermedades, incorporándolos a la mirada médica como entidades patológicas, abiertas a la intervención médica.
  2. Marginar cualquier modo alternativo de resolver dolencias, tanto de terapias de eficacia probada empíricamente como las formas desprofesionalizadas de manejo de todo tipo de procesos que van desde el nacimiento a la muerte.
  3.  Reclamar la eficacia de la medicina científica y la bondad de todas sus aportaciones, desatendiendo las consideraciones sobre el necesario equilibrio entre sus beneficios y los riesgos o pérdidas que implican.

Incidencia de la medicalización en el Trabajador Social Sanitario

Analizar la práctica profesional implica tener en cuenta su origen sincrético. La impronta en la intervención, ha facilitado la convivencia de distintas perspectivas teóricas, metodológicas y técnicas con las que cada Trabajador Social construye su especificidad profesional. En el campo de la salud, esto se torna complejo, ya que, a la propia mirada profesional, se suma la particular concepción de salud con la que escuchará la demanda de su intervención. (Sánchez, 2015)

Cuando el trabajador social recibe su solicitud, se convierte en mediador tensional entre las demandas masivas y las limitadas ofertas de acción social; allí, sin embargo, la estructura normativa institucional hace su trabajo de contención y límite a las solicitudes que lo exceden. Ese lugar le confiere una condición de testigo directo en relación con los conflictos sociales, pues se sitúa dentro de una dinámica compleja que se entreteje entre el Estado y la sociedad civil: las demandas, las políticas y los actores sociales.

Diversos autores postulan que, ocupando los Servicios Sociales una posición terminal en la trama del proceso de organización de las políticas sociales, sus acciones adquieren un carácter polivalente, indefinido, imponiendo al conjunto del colectivo profesional, la preocupación por encontrar la especificidad de la profesión.

Ambos aspectos confluyen en el modo de estructurar la oferta profesional en las instituciones sanitarias, en las que el proceso de medicalización debe ser visibilizado: la definición como médicos de problemas que han tenido su origen en lo social, pero que son definidos como médicos, resultan en la falta de respuesta por parte de la medicina, afectando al resto de los profesionales de la salud. Este proceso descalifica la práctica particular del Trabajador Social frente a la solicitud ya expresada y no escuchada.

Este mecanismo de apropiación de las prácticas sanitarias medicalizadas, sitúa un dilema central, ya que al tratarse de un fenómeno de desactivación de las potencialidades individuales y colectivas de los usuarios-pacientes con los que se trabaja, se estandariza en base a ideales, se neutralizan las diferencias y particularidades de cada sujeto, produciendo como resultado, la invalidación de sus capacidades y recursos, su potencialidad creadora con base en el conflicto y el sufrimiento existencial[1].

En este escenario, los Trabajadores Sociales pueden caer en prácticas instrumentalistas, y pragmáticas si no encuentran espacios para reflexionar sobre su trabajo en el desarrollo de su práctica.

Este proceso reduce la complejidad de los problemas vitales a cuestiones de orden médico o psicológico, centralizando en la persona la causa y tratamiento del malestar, desestimando las determinaciones sociales de la salud y la intervención política y comunitaria sobre los mismos.

Conclusiones

En el acto de intervención del Trabajador Social frente a la solicitud, se escucha siempre una demanda de ayuda que encierra una carencia del sujeto; necesidad que no se identifica con un problema físico, pero sí contiene una fuerte carga psíquica. Sin embargo, excede lo orgánico y lo psíquico porque se está en presencia de un padecimiento que se inscribe en una concepción distinta de la caracterización tradicional: la dimensión de lo socio-psíquico.

Para el campo de la salud, esta concepción mediadora entre lo individual y lo social resulta fundamental para pensar en las prácticas profesionales de los Trabajadores Sociales, sometidas a procesos de medicalización, ya que éstas se realizan en conjunto con la práctica médica y la práctica psicológica, las cuales se otorgan la autoría de lo físico y lo psíquico, respectivamente.

El proceso de medicalización instalado en el campo de la salud, como saber hegemónico, impulsa el ejercicio de prácticas empíricas, porque solapa con la dimensión biológica de la salud, aspectos humanos que exceden dicha determinación. En este escenario, el Trabajo Social cae en intervenciones instrumentalistas, lo que le impide reflexionar sobre la naturaleza, origen y destino de su práctica, olvidando preguntar acerca de cuál es el fundamento de su intervención profesional.

Al no tener claridad respecto de a qué tipo de síntoma y con qué concepción de problema define su solicitud, es posible que no pueda salirse de prácticas medicalizantes.

El Trabajador Social trata un padecimiento que puede definirse, por exceso y por defecto, como algo relacionado con lo psico-orgánico, pero que lo abarca y lo excluye al mismo tiempo, un síntoma social, que se expresa en lo socio-psíquico: el aspecto individual del síntoma social.

“El síntoma es siempre manifestación: indica, señala, muestra un cierto malestar. Algo anda mal: dolor, angustia, sufrimiento, también hambre, desempleo o protesta. Expresa siempre un conflicto; en su propia naturaleza se encuentra una realidad contradictoria: es producto de aquello que denuncia”.

López, A (2008) El Trabajo Social es un síntoma del capitalismo. Escenarios. Año 2 (4) Escuela Superior de Trabajo Social. UNLP. 64-69

Allí donde brota el síntoma, algo de la estructura no funciona. Un malestar se instala, denunciando un sufrimiento inevitable como condición de posibilidad de la universalización social. Al mismo tiempo, el síntoma señala un conflicto real, recorta una escena de lo social e instaura un lugar de práctica, con características esenciales.

En el último estudio realizado en Argentina, acerca de las prácticas del Trabajador Social en salud (Sánchez, 2015), fue posible demostrar que, cuando los trabajadores sociales hablaban de su práctica, mostraban un conflicto real entre sus propios intereses y los de la institución, instalándose una cuota de malestar que, aunque mínima en cantidad, desplegaba posturas que se orientaban a buscar un cambio. Al mismo tiempo, la institución realizó, en todos, su proceso de contención, proceso inevitable, pero no por eso imposible de ver. Es justamente allí donde residen las claves para pensar en procesos alternativos.

La presencia de la reflexión sobre la apropiación del campo de los derechos en el escenario de la salud, muestra formas incipientes de prácticas específicas que abordan un síntoma social, en un escenario real.

Las corrientes más progresistas indican que, la estrategia de la lucha contra las injusticias y por los derechos humanos no es una mera conquista de ellos, sino el intento de acceder a poderes reales y concretos para la población –en el sentido de posibilidades reales de actuación- y conseguir su articulación social. Por lo tanto, no se trata de “dar derechos” sino de “reconocer los que se tienen y se han perdido”.

Bibliografía
Cannallotto, A. L. (2016). Medicalización y Sociedad. Lectura crítica sobre la construcción social de enfermedades. San Martín: UNAM.
Orueta Sanchez, R. S. (2011). Medicalización de la vida. Revista Clínica de Medicina de Familia, 150-161.
Sánchez, S. (2015). La intervención del Trabajador Social en salud. La Plata: UNLP.

[1] Al respecto Hobbes desarrolla el concepto de naturaleza humana con base en el concepto de conflicto y violencia permanente en el ser humano, lo cual es inherente a su constitución. Hobbes, T (2006) Discursos histórico políticos. Buenos Aires, Gorla
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Silvina Sanchez
Silvina Sanchez

LICENCIADA. MAGISTER Y DOCTORA EN TRABAJO SOCIAL
UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA ARGENTINA

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